Foto: John Lodder/Flickr

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Un biofertilizante es un producto surgido de un proceso biológico que aporta nutrientes a las especies vegetales y permite la acumulación de ellos en el suelo sin alterar las condiciones del mismo en un sentido que degrade su capacidad para sustentar esa misma vida vegetal.

La gran diferenciación se observa con los fertilizantes de origen sintético, cuya formulación se realiza de modo artificialmente acumulativo, es decir determinando a inicio del proceso de fabricación cuál cantidad de cada componente deberá tener el producto. Nuestro biofertilizante es el humus de lombriz, obtenido a partir de la digestión natural de la lombriz roja de California (Eisenia Foétida), efectuada sobre materia orgánica predigerida y esterilizada de agentes patogénicos, la cual se somete a testeo previo de componentes para mantener el equilibrio óptimo nutricional de ese organismo.La característica fundamental de un biofertilizante producido mediante tecnología humana, es que se reproduce en condiciones controladas industriales el mismo proceso natural que ocurría en los suelos durante toda la historia previa a la instalación de la agricultura extractiva.

En ese sentido, nuestro producto no contiene una cantidad arbitraria de NPK, y otros componentes de conocido efecto estimulante de la fisiología vegetal, sino la cantidad adecuada según el equilibrio de la simbiosis animal-vegetal original. Además, el biofertilizante contiene una larga lista de oligoelementos característicos de la digestión de los anélidos, como así también una elevada concentración de microorganismos característicos que cumplen una función fundamental en el ciclo vegetal y transforman el suelo nuevamente en una masa viva. Su absorción, tanto radicular como foliar es óptima, generando un fortalecimiento de la fisiología general de la planta y en particular de los mecanismos de inmunidad vegetal, lo cual se comprueba al hacerse las plantas tratadas más resistentes al ataque de plagas e inclemencias climáticas. Por tratarse de una materia cuya evolución ha sido historicamente conjunta con los vegetales, el suelo mantiene sus características químicas y biológicas estables, tendiendo a neutralizar su pH y manteniendo su capacidad óptima de drenaje hídrico, primeros parámetros en alterarse con el tratamiento tradicional mediante productos sintéticos. El biofertilizante no sólo permite obtener una ecuación productiva excelente por rendimiento y balance de costos, sino que su exceso por riego, al depositarse en el suelo, va enriqueciéndolo gradualmente. Justamente el sentido inverso de los fertilizantes nitrogenados sintéticos, los cuales abarrotan el suelo de nitratos que alteran por completo sus características químicas y microbiológicas, y además tienden a drenar hacia acuíferos o escurrir a cursos hídricos, produciendo el grave efecto de la eutrofización.

El grave problema del efecto perjudicial de la agricultura industrial, a través de los fertilizantes y plaguicidas sintéticos no es un asunto que deba encararse de modo dogmático o fanatizado. No se trata de una superficial pelea entre ambientalistas contra multinacionales. Se debe encarar por su comprensión racional, con la examinación de información científica comprobable y ponderable en valores estadísticos, en su justa medida y armoniosamente, como se ha dicho alguna vez por allí. Lo más importante no es proteger el resultado inmediato a cualquier costo, como así tampoco desatenderlo. La clave es obtener resultados óptimos, sostenibles en el tiempo con el menor costo general, comprendiendo el concepto de costo de un modo amplio que incluya la conservación del capital ambiental.

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